22 de julio de 2017

Fuerza interior (Mateo 13,24-30)

WenYuke fue un famoso pintor chino. Su especialidad era pintar las cañas de bambú. La pintura china busca reflejar sentimientos interiores más que la perfección de la forma. El bambú, la más humilde de las frondas, muestra en la simplicidad de sus formas la complejidad y los sentimientos inesperados de las personas. Wen Yuke tenía un bosquecillo de bambú en el jardín de su casa cada día, con frío o calor, lloviera o no, el señor Wen salía a llenarse el pecho del crecimiento de los brotes, de las hojas que reverdecían o se secaban, de las ramas truncadas que buscaban un nuevo camino. Cuando alguien ponderaba sus pinturas humildemente decía: xiong you cheng zhu (胸有成竹), sólo es que mi pecho se llena del bambú que crece.

La vida no nos espera para seguir creciendo. El Espíritu de Dios, Señor y dador de Vida, no deja de trabajar en el interior de la naturaleza y de la historia, en el corazón de cada persona, a través de las palabras y el testimonio sembrado con verdad en los surcos de nuestra vida.

La semilla sembrada crece por el don de su fuerza interior; la levadura en la masa la fermenta silenciosamente por el poder de la propia naturaleza. Por eso es importante saber qué semilla sembramos, con qué levadura amasamos el pan que vamos a repartir entre los nuestros. ¿De qué servirá sembrar si sembramos cizaña?; ¿de qué servirá amasar si la levadura es tóxica? Nos toca llenarnos el pecho de la fuerza de un Dios humilde y generoso, que se complace en la justicia y el derecho, y se compadece de quien sufre. No pierdas la vida sembrando y acumulando lo que calcina el corazón dejándote helado.


15 de julio de 2017

Verdad velada (Mateo 13,1-9)

Bian, el humilde carretero del Marqués de Huang, estaba tallando la rueda de un carro mientras su señor leía un libro. “¿Qué lee mi señor”, le pregunta; “la sabiduría de los antiguos”, fue la respuesta del señor Huang. “Ah¡ Entonces está leyendo la escoria de los que ya han muerto”, espetó sin contemplaciones el carretero. El Marqués de Huang, visiblemente enfadado le pidió explicaciones si no quería sufrir un castigo por su impertinencia. El carretero se la dio: “Juzgo según mi experiencia. Cuando tallo una rueda y ataco con demasiada suavidad, el golpe no mella. Cuando ataco demasiado fuerte, rompe la madera. Entre fuerza y suavidad, la mano encuentra, y la mente responde. Es una pericia que no puedo expresar con palabras, que no pude transmitir a mis hijos. Lo que los Antiguos no podían transmitir se lo llevaron consigo en la muerte”.

Las verdades importantes de la vida sólo pueden insinuarse con parábolas o, de manera privilegiada, mostrarse con el testimonio. Nadie aprende a vivir por las palabras del otro; si el otro nos enseña el misterio de la vida es porque pone su mano en la nuestra y nos adentra por los caminos de las verdades más plenas. No tenemos ni guías, ni maestros; podemos tener maestros compañeros, guías compañeros, que comparten el pan cotidiano con nosotros.

Jesucristo no fue un sabio oriental que insinuó con parábolas los secretos de la historia. Es el testigo fiel que con su vida, su muerte, su resurrección y su eucaristía nos acompaña a desvelar el tesoro y la profundidad que la vida tiene para cada uno de nosotros. Lo que no es vivido, son sólo palabras huecas.

8 de julio de 2017

Inteligencia humilde (Mateo 11, 25-30)

Corrían los años de la dinastía de los Xiao del sur, sobre el siglo octavo de nuestra era, Liang, funcionario real, complacía grandemente al emperador por lo concienzudo e inteligente de su trabajo de recaudación. Ciertamente era un hombre inteligente. Pero a esa cualidad no la acompañaba la humildad, ni la comprensión, ni siquiera el respeto por los demás. Quien se acercaba a él siempre recibía un desplante con el abanico cerrado y una palabra de desprecio. Tempranamente llegó la hora de la muerte al altivo funcionario y los familiares pidieron al emperador unas palabras para poner sobre su tumba. El emperador conocedor del talante del funcionario les escribió cuatro palabras: 恃才傲物 (chi cai ao wu). En las que, reconociendo su valía, venía a denunciar eternamente en su propia tumba, su altivez y soberbia. Un regalo envenenado para la eternidad.

La verdadera inteligencia siempre es humilde. Humilde por el reconocimiento de nuestras limitaciones; humilde por estar siempre dispuesta a seguir aprendiendo; humilde ante la inmensidad de la vida y del amor de Dios. Sólo los que viven en pobreza y humildad conocerán los misterios más importantes de la vida. Los engreídos y orgullosos podrán aparecer como sabios y eruditos durante un tiempo, igual hasta su propia muerte; pero la eternidad sabrá devolverles a la tierra de la que salieron.

La verdadera humildad se conoce por el trabajo constante, paciente, abnegado, que no se contenta con los logros ya obtenidos sabiendo que el camino que queda por delante es grande; consciente que la llamada de Dios no cesa.

1 de julio de 2017

"Baptizados” (Mateo 10,37-42)

El arte más difícil de aprender y practicar es el arte de amar. El amor requiere práctica y esfuerzo, sentido de autocrítica y renuncia a uno mismo y sus ideas. A amar estamos aprendiendo toda nuestra vida. Y, a pesar de esto, el amor es un don que se nos regala sin que nosotros nunca sintamos que lo merecemos.

Durante la infancia el amor se confunde con la dependencia, el niño quiere a aquella persona de la que depende, la que colma sus necesidades o caprichos… ¡Cuánto nos dura esta inmadurez! En la adolescencia el amor tiende a confundirse con la admiración: amamos a quienes admiramos, y para ello mientras más lejos e inalcanzable esté la persona idealizada mejor, menos se aprecian sus defectos. Por eso es tan difícil que el adolescente muestre amor por quien, tan cercano y próximo, le sirve el desayuno cada día. Conforme maduramos necesitamos sentirnos útiles a los demás, necesitamos colmar nuestras ansias de protagonismo sintiéndonos imprescindibles, insustituibles, irreemplazables. Así nos reconciliamos con nuestras limitaciones y defectos. Ya sé que no soy lo que querría ser, pero al menos para los míos soy necesario… ¿Es esta madurez verdadera?

El maestro en el arte de amar es Jesucristo. Y Él nos muestra que amar no es necesitar, ni idealizar, ni cargarse de responsabilidad. El amor es dejarse conducir por Él; a veces cortando amarras para acompañarlo; otras enraizarse al lado de quien necesita nuestra presencia. Unas veces con dureza de palabras que talen ramas secas; otras con nueva dulzura que invite a abrirse al impulso de la vida. Amar es dejarse amar por Cristo cada día; vivir nuestro bautismo, muriendo con Cristo a nosotros mismos, cada día, resucitando con Él, cada día, a la Vida.


24 de junio de 2017

El de las tres mentiras (Mateo 10,26-33)

Un amigo mío, que hace ya tiempo comenzaba a ser camarero, me sorprendió un día comentándome: “Hay un cliente que me pide el café de las tres mentiras”. Cuando yo lo miré extrañado me aclaró que el café de las tres mentiras es un descafeinado con leche desnatada y sacarina: es mentira que tenga café, es mentira que tenga leche, es mentira que esté dulce…

El evangelio de este domingo nos sitúa ante una realidad que puede también mostrar las tres mentiras de nuestra vida cristiana: en vez de fe tenemos devociones; en vez de caridad, mala conciencia; y nuestra esperanza es tan mundana que no da verdadero sabor a la vida.

La fe es confianza profunda en lo que no se ve; adoración total de quien nos sobrepasa por completo; recorrer nuestro camino siendo testigo del Nombre del Misericordioso. Nuestras devociones pueden ser inicio de una fe verdadera, pero la gran mayoría de las veces no pasan de darnos consuelo en nuestras dificultades, de proporcionarnos experiencias de dulzura superficial.

En vez de caridad, que busca ponerse en el lugar del otro y acercarse a él para levantarlo de su situación de postración y dolor, tenemos mala conciencia atemperada por limosnas que no comprometen nuestra vida; por acciones que nos permiten justificarnos ante nosotros y los demás, aunque de sobra sabemos que de poco sirven porque poco sacrificio nos piden. No amamos hasta que nos duele, que pedía Santa Teresa de Calcuta.

Y nuestras esperanzas no alcanzan el singular de la virtud teologal. Son pequeñas expectativas, muchas veces bastante mundanas y egoístas, que colorean nuestra vida. ¿Soportaría nuestra vida cristiana el crisol de la persecución?


20 de junio de 2017

DIA MUNDIAL DEL REFUGIADO

Nos unimos a la celebración del DÍA MUNDIAL DEL REFUGIADO, establecido el 20 de Junio por la Organización de Naciones Unidas desde el año 2000.
La Conferencia Episcopal nos explica en el siguiente vídeo la labor que realiza la Iglesia Católica en este campo.

En el siguiente enlace, se aportan unos textos y unos vídeos -además de propuestas de actividades– que pueden guiar la reflexión comprometida de cada uno y de las comunidades y grupos, además de ambientar el orar:
Día Mundial del Refugiado

17 de junio de 2017

El pan de la dignidad (Juan 6,51-58)

“Sentía que, yo misma, era un error”, así hablaba una mujer que sufre una discapacidad y con una vida difícil, sin padre y sin madre, sin familia con la que sentirse única y especial. Veinte años, y se sentía prescindible para todos, un error de la naturaleza. “Lo que me devolvió la conciencia de dignidad personal fue la experiencia de fe; saber que en medio de todo lo que me pasaba, Dios tenía un plan para mí, una misión a la que responder”.

Nada hay tan desestructurante y desestabilizador como esa sensación de nada y de vacío en el fondo de nuestro corazón. Por eso Jesús quiso hacerse pan, para llenar con su amor y con su dignidad el vacío del corazón de cada hombre, de cada mujer, en cualquier circunstancia y dificultad.
Nunca somos dignos de recibir a Jesús en nuestro cuerpo y en nuestra vida, tan marcada por el egoísmo y la debilidad. Es al recibir el pan de Jesús cuando acogemos el regalo de la dignidad que Él nos entrega.

Una niña que ha hecho este año su primera comunión decía: “El pan de la misa no sabe a nada, pero me pongo tan contenta al recibirlo…”. Y es que el pan de la eucaristía es el regalo que Dios nos hace de la dignidad de ser hijos suyos, el regalo de ser compañeros de Jesucristo. Compañero viene, precisamente, de con-panero, con quien se comparte el pan.

Jesús con el pan de cada eucaristía nos regala la dignidad de ser hijos de Dios, la reconciliación en nuestras debilidades e incoherencias, la alegría de sabernos acogidos entre sus amigos, de tener la misión de ser sus testigos y de construir un mundo que se parezca cada vez más al Reino definitivo de justicia y paz.


11 de junio de 2017

El Dios de los filósofos (Juan 3,16-18)

La noche del 23 al 24 de noviembre de 1654 Blaise Pascal, uno de los mejores matemáticos y filósofos de su tiempo, tiene una experiencia radical de Dios, que le hace escribir una nota y coserla en el forro de su casaca para que siempre lo acompañara. La nota que se descubrió pocos días después de su muerte, comenzaba diciendo: “Fuego, Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob, no el Dios de los filósofos y los sabios”.

Aquella noche, ciertamente, tuvo Pascal una experiencia de Dios que lo transformó, y que cambió su manera de comprenderse a sí mismo y comprender al mundo. “El corazón tiene razones que la razón no entiende”, diría también el joven filósofo creyente, para mostrar que la riqueza y la profundidad del alma de la persona son inabarcables para las escasas fuerzas del razonamiento de una sola persona.

Ante el misterio del amor y de la vida, ante la insondable profundidad del alma humana, ante el grito del que sufre, nuestras razones se quedan mudas; y si hablan, sus sonidos suenan huecos y vacíos. El Padre de Nuestro Señor Jesucristo no será nunca un concepto manejable para nuestra inteligencia. Un océano de amor tan grande sólo puede intuirse cuando nos sumergimos en él. “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en Él”.

Un misterio que acogen los niños y los sencillos, que saben que Jesucristo es Dios y que es su amigo que nunca los abandona. Un misterio que pinta de suspicacia el rostro de los sabios y entendidos, que no llegan a explicar cómo Jesús, el más lúcido maestro de ética, puede predicar que es sencillamente su amor, que trasciende la muerte, el que nos salva.


4 de junio de 2017

Navegar (Juan 20,19-23)

Identificamos las experiencias del Espíritu con momentos llenos de luz, sin sombras que los entenebrezcan, con situaciones de armonía y equilibrio personal, que nos hacen vivir sensiblemente momentos de alegría personal. Y no siempre es así.

A veces, el Espíritu hiere nuestro orgullo y quema nuestras seguridades para que estemos más disponibles a la voluntad de Dios. El Espíritu nos hace pasar por la muerte para que podamos encontrar la vida. En el bautismo, el Espíritu ahoga nuestro hombre viejo para que renazcamos como niños a la novedad de la Vida. Toda muerte del hombre viejo se produce con miedo y con dolor. Como los adolescentes varones que, cuando van a crecer unos centímetros para ir convirtiéndose en adultos, pasan por unos días en los que la fiebre los deja postrados en la cama, sin causa aparente.

El Espíritu hincha las velas de nuestra barca, y con su fuerza hace crujir las maromas, y la madera del mástil y la botavara. El barco avanza, y todos se alegran por el movimiento que anuncia nuevas aventuras, pero todo tiene que estirarse quejándose sonoramente.

Pero no te importe, que crujan tus sentimientos y salten por el aire las legañas de tu vida. La vida es dejarse llevar por un Espíritu que nos lleva a recorrer nuevos puertos, a abrir nuevas rutas. Sólo quien sólo hace lo ya sabido comienza a envejecer. Y los bautizados hemos de ser siempre el hombre nuevo del que habla Pablo de Tarso –éste sí que rejuveneció hasta hacerse anciano-.

¡Ven Espíritu divino! Impulsa nuestra vida hacia una mayor entrega. Nuevos caminos de solidaridad y de justicia iremos abriendo con tu fuerza. Nuestra fe y nuestro amor se renovarán, para dar más fruto, para darnos más nosotros.

31 de mayo de 2017

Fútbol solidario

El pasado Viernes 26 de Mayo se celebró el I Torneo San José Obrero por la solidaridad, en el que participaron distintos equipos de categorias base de Fútbol: CD Regate, CMD San Juan, CD San Pablo Norte y CA Libertad. Se realizó una recogida de alimentos que llevaron tanto participantes, familias, así como otras personas voluntarias asistentes al evento deportivo. Los alimentos se distribuirán a las familias necesitadas a través de Cáritas Parroquial San José Obrero.