Primer fin de semana de octubre, domingo de Cáritas
De nuestra fe en Cristo hecho pobre, y siempre cercano a los pobres y excluidos, brota la preocupación por el desarrollo integral de los más abandonados de la sociedad.
Por eso la Iglesia se vuelca con los más necesitados, de forma privilegiada a través de Cáritas, en la que hombres y mujeres, enviados por nuestra comunidad, trabajan para paliar el dolor y la injusticia que sufren tantos hermanos empobrecidos. Que esta Eucaristía nos ayude crecer en misericordia y solidaridad.
Todos estamos llamados a optar de manera
preferente por los pobres y a comprometernos en favor de la justicia, pues el
ejercicio de la caridad en nuestras comunidades cristianas es tarea de toda la
Archidiócesis, de toda la parroquia, también de los grupos de liturgia o catequesis,
de los movimientos, de los grupos de apostolado seglar, de las hermandades y
cofradías o de aquellos que se reúnen para la lectio divina, aunque por razones
prácticas u organizativas, la dirección y la responsabilidad la lleven unos
grupos más o menos especializados, es decir, los grupos de Cáritas. En el
conjunto de la actividad de la Iglesia la caridad es un eje transversal, que
debe impregnar toda la pastoral. Necesitamos, pues, durante este curso
pastoral, descubrir y potenciar esa transversalidad de la caridad, la diakonía
y el servicio a los pobres.
Textos del guión litúrgico de Cáritas Diocesana de Sevilla para octubre de 2020.
Humanizando el mundo (Mateo 21, 33-43)
Humanizando el mundo (Mateo 21, 33-43), comentario sobre el Evangelio del domingo 4 de octubre de 2020.
Dios hizo el mundo en seis días y al séptimo descansó; y nos dejó a las personas la tarea de humanizar el mundo, la tarea de hacer de una naturaleza, a veces, salvaje y amenazadora, un hogar para todos. Todo nuestro trabajo ha de tener ese objetivo. El carpintero que hace sillas y mesas, hace de nuestro mundo un hogar más cómo y humano; el agricultor que siembra y recoge el trigo, junto con el panadero que prepara el pan…, hacen de este mundo un hogar en el que todos tengan el alimento necesario; el poeta que canta al amor y al dolor, el artista que desnuda los interrogantes de nuestra alma… Todos hacemos más humano nuestro mundo. Tú también: cuidando las plantas, atendiendo a tus niños, transportando mercancías o gestionando papeles en la oficina; todos podemos trabajar por hacer más humano el mundo que Dios nos ha regalado. Nuestro trabajo es así una misión, un hermoso encargo.
Pero a veces, en vez de tener ese horizonte en nuestra actividad cotidiana, nos volvemos competitivos y egoístas, trabajamos por acaparar y acumular, por vencer al otro. Entonces, nuestro día a día es agotador y sin sentido, ni conocemos el descanso, ni nos sentimos impulsados a trabajar alentados por la vida. En vez de recrear el mundo, nuestro trabajo es muchas veces homicidio: destruimos la naturaleza como si no hubiera mañana, explotamos a las personas como si no fueran nuestros hermanos, negamos con nuestras obras que este mundo pertenece a Dios que nos lo ha encargado para que vivamos felices en él.
El Papa Francisco ha consagrado este mes
como el tiempo de la Creación y es buen momento para revisar si nuestro estilo
de vida está cuidando y recreando el mundo, o si estamos asesinando la
naturaleza y el presente y el futuro de nuestros hermanos.



