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Cargar con la cruz (Marcos 8,27-35)

Cargar con la cruz (Marcos 8,27-35), breve comentario sobre la lectura del Evangelio del domingo 15 de septiembre de 2024.

La experiencia de fe en Jesucristo potencia lo mejor del ser humano, lo mejor que hay en cada uno de nosotros. La amistad, la relación profunda con Jesucristo nos libera de nuestros demonios, nos da humildad para superarnos y nos abre a una fraternidad que da sentido a nuestras vidas. Lo más auténtico del ser de nuestra persona encuentra resonancia en el Evangelio.

Pero hay experiencias profundas en la fe que no se explican desde meramente lo humano; una de ellas es el acoger desde un sentido pleno y luminoso a los momentos de sufrimiento y de cruz que tenemos que afrontar. Todos hemos de vivir momentos de sufrimiento. Todos, incluso, por ser honrados, por luchar por la justicia y el bien podemos vernos despreciados y perseguidos. Es ley de vida, si no te resignas a la injusticia y a la mentira de este mundo, esa injusticia y esa mentira se centrarán en ti.

Los seguidores de Jesucristo tenemos un consuelo y una fortaleza grande en los momentos de cruz: al participar de una entrega como la de Cristo, participamos y participaremos en una vida y en una resurrección como la suya. Unidos a Él, nuestra cruz se convierte en un yugo llevadero, y en una carga suave. Todos nosotros, como el apóstol Pedro, nos asustamos ante la cruz. Ojalá seamos, también como él, fuertes y generosos cuando nos toque acoger los sacrificios que la vida nos presente. 

Imparable (Marcos 7, 31-37)

Imparable (Marcos 7, 31-37): breve comentario sobre el Evangelio del domingo 8 de septiembre de 2024.

Cuando el Señor habla al corazón de una persona, su palabra poderosa se convierte en nosotros en una fuerza imparable, que ni nuestras cobardías, ni nuestros pecados, ni las censuras o prohibiciones pueden acallar. Los profetas son testigos de esta experiencia. Estamos hechos para la verdad y para el bien, y cuando los encontramos en profundidad qué difícilmente los dejamos de lado.

Quizás me diréis que la experiencia es la contraria; que muchas personas que han vivido momentos de encuentro con el Señor, después, han seguido o recaído en la injusticia y la mentira... En ellos, la palabra está aletargada, como la semilla que en la tierra está esperando para dar fruto. Así le ocurrió a Moisés que estuvo años y años pastoreando antes de reconocer aquella zarza que ardía sin consumirse y que le habló del sufrimiento de su pueblo y de la voluntad de Dios de salvarlos. Pero la Palabra allí estaba y germinó y dio fruto.

Este domingo celebramos la natividad de María de Nazaret. En ella la Palabra fue acogida y dio fruto sin tardanza, sin dilación, sin falsas prudencias. Ojalá nos sirva de ejemplo María para no retardar una respuesta plena a nuestra vocación. Cuando así lo hagamos, viviremos reconciliados con nosotros mismos, humildemente orgullosos de vivir conforme a la misión que nos han encargado.

Glorificar (Mc 1, 40-45)

 

Glorificar (Mc 1, 40-45), breve comentario sobre el Evangelio del domingo 11 de febrero de 2024, IV del Tiempo Ordinario, ciclo litúrgico B.

De todas las maneras que las personas podemos reaccionar ante el bien que recibimos, “glorificar” es la más elevada. Podemos “corresponder” a un favor recibido; también podemos “agradecerlo”; “encomiar” a la persona que nos ha ayudado; o también “bendecirlo”, “alabarlo”, incluso “aclamarlo” en público... todas éstas son actitudes ante el bien recibido. Pero cuando la persona prorrumpe en bendiciones y alabanza, y glorifica íntimamente a quien le ha hecho tanto bien, su alma se extasía, sale de sí misma para vivir en la gloria de la bondad del otro. La glorificación brota desde el fondo del alma y llega a lo más alto. 

En el evangelio de este domingo, un pobre, un enfermo, un marginado de la sociedad se atreve a acercarse un poco a Jesús y a suplicar su bondad reconociendo su poder. Jesús se acerca, salta las vallas de los rechazos religiosos y sociales, de los miedos y los prejuicios y lo acaricia curándolo. El leproso viéndose curado “empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones”.

Hoy siguen siendo los pobres y los enfermos de distintas dolencias, que se han puesto en las manos bondadosas de Jesucristo, de los que con mayor fuerza brota un agradecimiento que da paso a dar gloria desde lo íntimo de su corazón. La autosuficiencia no es agradecida, ni feliz. La conciencia de la propia pequeñez ante Cristo nos hace subir a las profundidades de un amor que nos colma.

Evangelizar (Mc 1, 29-39)

Evangelizar (Mc 1, 29-39), breve comentario sobre el Evangelio del domingo 4 de febrero de 2024, V del Tiempo Ordinario, ciclo litúrgico B.

La fe cristiana es misionera, expansiva, apostólica, evangelizadora por naturaleza.

Otras religiones se agotan en la relación de la persona con lo divino: se le pide bendiciones, se le exhorta a que ayude, se le da gracias por los bienes recibidos, se obedece sus normas, se le pide perdón... Para los cristianos la fe no es solo creer en Dios, para los cristianos la fe es un encuentro con Jesús que nos llama a seguirlo, a estar con él, a continuar su misión. El encuentro con Jesús da a cada cristiano un motivo personal para continuar su misión. Él mismo nos envía: “Como el Padre me envió así os envío yo”.

Todos los cristianos vivimos esa tensión misionera, evangelizadora de anunciar con nuestra vida y con nuestras palabras que Jesús es el Señor. La fe en Jesucristo es esencialmente apostólica, vivimos como una necesidad ser testigos del Señor. Nuestra fe no es para vivirla ni individualmente, ni solo en la familia, ni siquiera reducida al ámbito de nuestro pueblo. Cada persona, sea de la nación que sea, y sea cual sea su vida es un hermano al que ofrecer y con el que compartir el encuentro con Jesús.

“Ay de mí si no evangelizare”, dice san Pablo. “Vamos a otros lugares a evangelizar, que para eso he venido”, dice Jesús. Para nosotros el afán real de anunciar a Cristo, con nuestras palabras y nuestra vida, es el alma de nuestra fe. No convirtamos nuestra fe en una religión más.

¿Cómo es Jesús? (Mc 1, 21-28)

¿Cómo es Jesús? (Mc 1, 21-28). Breve comentario sobre el Evangelio del domingo 28 de enero de 2024, IV del Tiempo Ordinario, ciclo litúrgico B.

Cada pintor o escultor, cada cineasta o cada artista que se han imaginado a Jesús lo han hecho de distinta manera. Zeffirelli lo imaginó sereno y bello, con ojos claros y mirada enigmática; Passolini en su película El evangelio según san Mateo también lo plasmó de presencia misteriosa, pero con el aspecto de un joven cualquiera; Mel Gibson lo retrató en su pasión como un hombre con la fortaleza del mismo Dios. La última imagen cinematográfica de Jesús nos la ofrece Dallas Jenkins en la serie The Chosen (los elegidos); y nos ofrece un Jesús cercano y bromista, profundamente empático y con una capacidad milagrosa para, con un solo signo de sus manos, cambiar la vida de todos los que se encuentran con él; su misterio se muestra en su profunda humanidad.

Porque Dios quiso que su Hijo se hiciera hombre, tenemos el derecho, y casi la obligación, de imaginarlo y recrear su vida para que nos sirva de modelo. Nunca se agotará el misterio de su presencia. Ni los discípulos, ni los que lo vieron en su vida histórica podían tampoco agotar la profundidad de su existencia, de una autenticidad diáfana, de un amor entregado, de una cercanía íntima y respetuosa, viviendo siempre en las manos del Padre, compasivo con el que sufre, intransigente con el pecado que hace sufrir al hermano, poderoso en obras y palabras...; Camino, Verdad y Vida para todos. 

Jesús, ¿quién eres tú?

Un nuevo oficio (Mc 1, 14-20)

Un nuevo oficio (Mc 1, 14-20), breve comentario sobre el Evangelio del domingo 21 de enero de 2024, III del tiempo ordinario, ciclo litúrgico B.

Sus planes eran otros. Pedro y Santiago soñarían en tener hijos; Juan, que era más joven, en casarse y fundar su familia. Pero llegó el de Nazaret y les cambió la vida. “Os haré pescadores de hombres”, les dijo en un tono que sonaba un poco a broma. ¿Qué significaba aquello? El tiempo lo diría.

“Pescador de hombres” no consistió en reclutarlos para formar un ejército o engrosar una secta religiosa. El de Nazaret constantemente les decía: “A ver qué os parece...; un hombre tenía...”. Y hacer pensar a las personas no es el camino más rápido para tener asegurada su obediencia. “Pescador de hombres” tampoco consistió en tenerlos como servidores suyos, como hacen los grandes señores. El de Nazaret era el primero cuando había que arrimar el hombro y se cargaba con las tareas más duras e ingratas.

Para pescar peces hay que mojarse, y para pescar hombres hay que comprenderlos y amarlos. A las personas se nos pesca cuando nos sabemos comprendidos y acogidos, cuando se nos ofrece un camino de bondad concreto que recorrer, y cuando quien hace todo eso se muestra débil y humilde, necesitado de nosotros. Pescar hombres con las redes del amor de Dios, que no enredan, sino que llenan de paz y dan libertad. El Señor nunca manipula; nos muestra en algunos momentos su rostro, pero después deja que lo busquemos y lo encontremos en libertad.

¿Estamos actuando así quienes decimos actuar en su nombre? 

“Rellamada” (Jn 1, 35-42)

“Rellamada” (Jn 1, 35-42), breve comentario sobre el Evangelio del domingo 14 de enero de 2024, II del tiempo ordinario, ciclo litúrgico B.

No se tiene fe por una decisión ética, ni por creer en unas verdades convincentes. La fe es un encuentro personal con Cristo, que nos ilumina y le da un sentido nuevo a toda nuestra vida. Los profetas acogieron ese encuentro como una llamada. El Señor irrumpía en sus vidas y les encargaba una misión ante el sufrimiento o el pecado de su pueblo. Ante la presencia del Señor, se sorprendían y se reconocían indignos e incapaces, pero el Señor insistía, les prometía su ayuda y los liberaba de las parálisis que les impedirían llevar adelante la misión.

Encuentro inesperado, ayuda que sorprende, misión en favor del pueblo... La llamada que Dios te hizo también fue así. Tal vez se te olvidó, porque los sentimientos primeros se pasaron, pero cada uno de nosotros, cada creyente, tenemos en nuestra historia de fe una serie de encuentros personales con el Señor, en los que nos ofrece participar de su vida y su misión. Las mediaciones son varias: un fracaso amoroso, como en el profeta Oseas; la indignación ante la injusticia, como en el profeta Amós; el rechazo a la religiosidad popular vaciada por la hipocresía, como Isaías; el grupo de amigos que llevó al encuentro con Jesús, como Pedro o Natanael; el testimonio de alguien a quien respetas y consideras tu maestro, como Juan y Andrés... 

Todos los creyentes tenemos esos momentos de encuentro personal con el Maestro; y quizás tú necesites renovar el tuyo. Dedícale un rato, y que la humildad y el anhelo te guíen.

Anegados de gracia (Mc 1,7-11)

Anegados de gracia (Mc 1,7-11), breve comentario sobre el Evangelio del domingo 7 de enero de 2024, fiesta litúrgica del Bautismo del Señor, ciclo litúrgico B.

De la mano del Padre brota Amor Inefable hacia su Hijo: el Espíritu; que lo convierte en agua y lo anega por entero corazón y piel, mente y espíritu, ojos y manos; un agua que, a través del cuerpo del Hijo, de su carne anhelante y serena, todo lo purifica. El Jordán, tantas veces túrbido por la tierra y el cieno, se muestra límpido y transparente, azul y cristalino. Juan el Bautista, con ojos abiertos y gozosos de admiración, lo contempla casi incrédulo: sus manos y una pequeña concha están siendo los instrumentos que usa Dios para comunicarnos la pureza de su gracia.

¿Quién pudiera imaginar que el Hijo de Dios se pusiera en la fila de los pecadores para recibir el bautismo de conversión al que Juan había llamado desde el desierto? ¿Quién pudiera imaginar que unas comunidades débiles y pequeñas como las nuestras, compuestas de pecadores, sin los grandes y los sabios de este mundo, pudieran se cauce de la gracia y la amistad con Dios, que trae la alegría al corazón y la paz a nuestro mundo?

Contemplar el rostro humilde, bondadoso y sereno de Cristo en el Jordán, nos llena de la alegría de la fe; saber que nosotros hemos de ser como el Bautista, instrumentos para que muchos acojan la verdad y la gracia de Dios, nos hace conscientes de nuestra dignidad y nuestro pecado. Nos consuela saber que también nosotros hemos sido bautizados en las aguas cristalinas del Jordán, en la pila bautismal de nuestras parroquias; y que es Él, en nosotros, quien realiza el milagro de la fe y el sacramento.

Abrazo de Dios (Lc 2,22-40),

Abrazo de Dios (Lc 2,22-40), breve comentario sobre el Evangelio del domingo 31 de diciembre de 2023, solemnidad de la Sagrada Familia.

La Navidad celebra el abrazo interminable que Dios ha querido darnos a cada uno de nosotros; en nuestras miserias y limitaciones, en nuestras capacidades; en nuestros días grises y en los luminosos; Dios nos ha abrazado y nos abraza en su Hijo Jesucristo. El Padre eterno al enviar a su Hijo a que naciera hecho hombre quiso adoptarnos como hijos suyos en su Hijo. Porque hace 2000 años fue Navidad, nadie tiene porqué sentirse solo y abatido. Dios nos abraza y nos acoge. 

No nació en un palacio, ni en una casa rica y lujosa; sino en un pesebre, en un pequeño establo. Desde el primer día, a pesar de ser él la fuente de la pureza, vino rodeado de la inmundicias de los animales, llenándolo todo con la luz del amor que despertaba en todos. Se hizo hombre sabiendo de nuestras contradicciones y nuestro pecado. Se hizo hombre asumiendo la pobreza y la marginación de los últimos, para, desde ahí, abrazarnos a todos.

Nadie podría haber imaginado que el Dios, a quien los cielos no podían contener, quisiera hacerse hombre. Nadie pudo imaginar que hubiese querido nacer en la más radical pobreza. Pero una vez que así lo hizo no podemos ya imaginarlo de otra manera. ¿Qué Dios sería Dios si no se hubiera hecho cercano a los más pobres? ¿Qué Dios sería Dios si no hubiera compartido su suerte con los marginados y se hubiese quedado dando lecciones desde una vida cómoda y sin dificultades? San Pablo lo explicó: la debilidad de Dios es más fuerte que los hombres.

Pequeñas y grandes esperanzas (Jn 1,67-79)

 

Pequeñas y grandes esperanzas, breve comentario sobre el Evangelio de Juan 1,67-79.

- José, en el camino de Ani Karen hasta Nazaret he venido pensando muchas cosas. Isabel y Zacarías han visto cumplido su anhelo profundo de ser padres. Además, el Altísimo les ha anunciado que su hijo será alguien importante en la historia de nuestro pueblo, un profeta como el profeta Elías. Yo también veré cumplido el deseo de toda mujer de tener un hijo; y además los dos sabemos que este niño es hijo del Todopoderoso. Pero tú, José... el deseo de todo hombre es tener un hijo que continúe su familia y su sangre. No sé cómo te sientes.

-Es difícil de explicar, María. Antes de que te quedaras encinta yo te amaba muchísimo; eras el sol de mi vida; contigo todo encontraba su verdadero sentido. Cuando me dijiste que estabas embarazada el mundo se me desplomó encima. Después que me visitara el ángel del Señor todo cambio. Antes pensaba que no te merecía, ahora pienso que no te merezco en nada en absoluto; antes me preocupaba cómo sacar adelante nuestra familia en medio de tanta violencia y pobreza, ahora me tiemblan las piernas de pensar que tengo bajo mi responsabilidad cuidar al hijo del Altísimo; antes soñaba con tener un hijo contigo, ahora sueño cómo será el hijo que criemos para que sea el Mesías de Dios. Todo se ha hecho más hermoso y difícil a la vez.

- Y, ¿no vas a echar nada de menos?

- No lo sé. Pero mirando tu rostro María, y mirando al hijo de tus entrañas el mundo se paraliza. No sé más; y, a decir verdad, no quiero saber nada más.

Encargo de vida (Jn 1,6-28)

 

Encargo de vida (Jn 1,6-28), breve comentario sobre el Evangelio del domingo 17 de diciembre de 2023, III de adviento, ciclo litúrgico B.

- Zacarías me ha dicho que él presiente que nuestro hijo va a tener una gran misión en la vida. Que no será un hombre cualquiera. Que será como uno de los profetas del Altísimo.

- Todos los niños serán personas con una misión importante en su vida. Dios que nos creó de la nada no hace nada sin motivo. Tú y yo también tenemos una misión, Isabel.

- Nosotras somos mujeres. ¿Qué misión vamos a tener? Si ni siquiera se preocupan de que sepamos leer las Escrituras.

-Tú ya tienes la misión de educar a un profeta; ¿no has dicho eso? ¿Qué puede haber más importante que colaborar con la voluntad de Dios? Un profeta ha de ser fuerte y valiente; tierno y veraz; capaz de denunciar la hipocresía y de consolar al que sufre. ¿Esa es misión fácil?

- Ojalá sepa educar así a mi hijo: fiel a Dios y con un corazón bondadoso.

- Yo también tengo la certeza de que mi hijo será alguien muy importante. No me preguntes por qué, pero será así. También mi misión será que crezca en sabiduría y en gracia. Nosotros no sabemos los caminos de Dios. Solo cada persona en diálogo personal con el Altísimo y acogiendo su presencia en la vida puede ir sabiendo qué es lo que Dios le pide. Que nuestro cariño constante sea la puerta abierta al amor de Dios en su vida; que nuestra integridad y sinceridad sea transparencia por la que Dios pueda hablarles.

El hijo de Isabel supo que era la voz que clama en el desierto. El Hijo de María escuchó del cielo: “Este es mi Hijo amado; escuchadlo.”

El deseo mayor (Mc 1,1-8)

El deseo mayor (Mc 1,1-8), breve comentario sobre el Evangelio del domingo 10 de diciembre de 2023, II domingo de adviento, ciclo litúrgico B.

- El deseo mayor de un padre es que sus hijos crezcan y maduren en el amor. Más de lo que él mismo ha podido vivir. Así lo hemos intentado hacer nosotros con tu mujer, con María; y así, José, lo tenéis que hacer vosotros con lo que nazca.

- Joaquín, tenga por seguro que así lo intentaremos. Pero en este mundo de hoy hay tantos caminos por los que desviarse. Antes que los niños aprendan a hablar y a comprender las cosas; ya las pantallas les dicen las cosas que han de tener, las experiencias que han de vivir... Cuando nosotros nos criábamos, me parece que todo era más fácil.

- Los caminos rectos nunca son fáciles de acoger, en unos tiempos y en otros. Tendrás que alejar a tu hijo del odio y de la violencia; y, sobre todo, de la tentación de usar al otro para sus caprichos y beneficios. Esas sendas son anchas, pero muchos se pierden por ellas. Tendrás que enseñarles los caminos del Señor.

-Joaquín, lo que más me gusta de tu hija, de María, es que habla siempre del Espíritu del Señor. Y ella me explica que es el Espíritu el que dentro de nosotros nos va impulsando hacia el bien, que con el Espíritu amar y ayudar es fuente de alegría...

-Sí, sí. María es muy, muy buena, pero también muy idealista, siempre cantando, siempre alegre. Los viejos tenemos otra mentalidad, más del orden y de la ley. Tú tendrás que custodiar esa gracia y ese don que ella tiene. Es un tesoro del que algunos pueden abusar. Tú has de ser custodio del niño y de su madre.


Esperando en adviento (Mc 13,33-37)

 

Esperando en adviento (Mc 13,33-37), breve comentario sobre el Evangelio del domingo 3 de diciembre de 2023, I de Adviento, ciclo litúrgico B.

-- Entonces, José, ¿para cuándo esperáis al niño?

-- Muy pronto faltan solo algunas semanas.

-- Ya estaréis nerviosos preparándolo todo. Tener un hijo es una ilusión grande. Yo creo que verdaderamente más grande no hay otra.

-- Sí; estamos muy ilusionados, pero a la vez preocupados. Tener un hijo es una responsabilidad, y cuando son tan pequeñitos, y tan frágiles, y sin saber decirte lo que les pasa o dónde les duele si se ponen malitos...

--Bueno, bueno; quizás es peor cuando ya saben hablar y salen y entran solos... Oye, ¿cuándo os mudáis al piso? Porque vivir en la habitación de un piso compartido y con un niño pequeño tiene que ser un lío.

--Ya estamos mudándonos. El piso es pequeño, pero por lo menos tendremos una cocina y un cuarto de baño para nosotros solos. La verdad es que lo estamos preparando todo con mucha ilusión. María y yo hemos hablado con su madre y le hemos pedido que no fume en el piso cuando se quede cuidándonos al niño, que no es bueno que el pequeño se críe con esos vicios a su alrededor. Yo ya lo he dejado. También hemos decidido dejar de hablarnos en un tono tan alto. Tú ya sabes las voces que doy yo para cualquier cosa. Y me dice María que el niño, en su vientre, se pone nervioso cuando escucha voces grandes...  Intentaremos ser unos buenos padres.

--Vais a ser unos padres magníficos. María y tú os queréis mucho, y sois muy buenas personas. Ya verás como todo va muy bien. ¿Qué nombre habéis elegido para el niño?

Un grito hondo (Mt 25,31-46)

Un grito hondo (Mt 25,31-46), breve comentario sobre el Evangelio del domingo 26 de noviembre de 2023, solemnidad de Jesucristo Rey del Universo.

El sufrimiento del pobre, del inocente maltratado, del que sufre…, provoca en nosotros un grito hondo que nuestro corazón no puede dejar de escuchar. Ese grito, silente y ensordecedor, nos hace personas.

La revelación bíblica ha mostrado siempre que el clamor del pobre llega a los oídos de Dios. Y Dios llama a hombres y mujeres, para que sean sus manos de misericordia y sus labios de consuelo. Así hizo con Moisés cuando, desde la zarza ardiente, lo envió a liberar a su pueblo, que sufría esclavitud en Egipto. Así lo hizo con los profetas, cuando clamaban contra la injusticia y la impiedad de los poderosos de Israel. La plenitud de la revelación, el Verbo hecho carne, Jesucristo lleva hasta lo inaudito esta verdad: “Tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; estuve enfermo o en la cárcel y vinisteis a verme”. Jesucristo nos revela su presencia real en la persona sufriente, la presencia real de Dios en quien necesita de nuestra ayuda y consuelo.

¿Qué manera de ser tiene Dios para identificarse real y personalmente con el que sufre? ¡Qué distinto el Dios verdadero de aquellos ídolos, que quieren suplantarlo, y en nombre de los cuales se maltrata o se asesina! 

Manos y ojos misericordiosos por toda la eternidad, ese es el Dios verdadero, el Padre de Nuestro Señor Jesucristo. Permítenos, Señor, acercarnos a Ti, al pobre, humildemente.

Creatividad o miedo (Mt 25,14-30)

 

Creatividad o miedo (Mt 25,14-30), breve comentario sobre el Evangelio del domingo 19 de noviembre de 2023, XXXIII del Tiempo Ordinario, ciclo litúrgico A.

Quien te da confianza, te impulsa a vivir con creatividad y esfuerzo, recreándote en lo que haces.

La fe tiene una fuerza grande para movilizar las energías que tenemos ociosas por miedo o por pereza, y nos hace vivir en el sentido humano de la Palabra. Quien se siente amado y acogido incondicionalmente, quien se sabe respetado por lo que es y por lo que hace, quien se siente enviado a la tarea de recrear el mundo, tiene el corazón tranquilo, y los pies, las manos y la cabeza siempre en movimiento. Por el contrario, cuando vivimos con miedo, nuestro corazón sufre de arritmia improductiva: “Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces; tuve miedo y fui a esconder mi talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo”.

Si Dios está con nosotros ¿quién estará contra nosotros? Si es el propio Espíritu del Señor quien pone en tu corazón el afán por hacer cosas nuevas, por ayudar a las personas, por llevar adelante tus proyectos... ¿a qué esa parálisis de viejo prematuro? Sigue de cerca a Jesucristo y descansa en Él.

La vida crece y se rejuvenece con las ilusiones que nos mueven. No temas afrontar los retos de tu vida; actúa con prudencia y sé concienzudo en lo importante; no te importe echar tiempo en aquello a lo que te sientes llamado. Al final de tu vida, podrás presentarte ante Él con las manos curtidas y con el corazón lleno de nombres.

Lucidez cristiana (Mt 25,1-13)

Lucidez cristiana (Mt 25,1-13), breve comentario sobre el Evangelio del domingo 12 de noviembre de 2023, XXXII del Tiempo Ordinario, ciclo litúrgico A.

En este evangelio, Jesús nos propone una parábola en la que 5 muchachas precavidas y 5 descuidadas esperaban para un banquete de bodas. Como el novio tardaba mucho, todas se quedaron dormidas. Cuando vino el novio, las precavidas tenían aceite para que sus lámparas dieran luz; las descuidadas, por tener que ir a comprarlo, se quedaron fuera de la fiesta nupcial.

Todos los que seguís estas pequeñas reflexiones al evangelio del domingo estáis entre las muchachas precavidas; os preocupa estar atentos a lo que la fe nos dice, para acogerlo en nuestra vida. Pero no está de más recordarnos que no es el mucho saber sobre la Biblia y la fe lo que nos da la vida, sino descubrir a Jesús, que viene en los acontecimientos concretos y cotidianos; descubrir a Jesús, que nos va aleccionando y alentando en cada persona con la que nos cruzamos.

Jesús está presente en los momentos sencillos de tu familia; en lo que compartes con tus amigos; en lo que ocurre en tu barrio y en el mundo. Hasta en los acontecimientos de la política (y mira que nos tienen hartos).

Busca en todo ello el camino de la ternura y la sinceridad, el de la justicia y la fraternidad, el de la honradez y el bien común. Estate atento a quien siembra odio y violencia, a quien cambia la verdad según sus intereses, a quien solo se sirve a sí mismo. La fe no sólo es piedad al rezar, es también lucidez cristiana al conducir nuestra vida.

Ministro viene de “minus” (Mt 23, 1-12)

Ministro viene de “minus” (Mt 23, 1-12), breve comentario sobre el Evangelio del domingo 5 de noviembre de 2023, XXXI del Tiempo Ordinario, ciclo litúrgico A.

La raíz etimológica de ministerio, que ya en latín significa “servicio”, tiene una connotación todavía más radical. Ministerio viene de “minus”, menor. Y, sin embargo, a veces parece que, quien ejerce un ministerio, se llena de dignidad y poder, y se considera por encima del resto de las personas. Y esto, tanto en el ámbito de lo civil, como en el de lo eclesiástico. Fijaos en cómo el papa Francisco denuncia, en una intervención de preparación para el Sínodo, las actitudes despóticas que podemos tener los clérigos, los ministros de la Iglesia: 

Los miembros de la Jerarquía venimos de ese pueblo y hemos recibido la fe de ese pueblo. Cuando los ministros se exceden en su servicio y maltratan al pueblo de Dios, desfiguran el rostro de la Iglesia con actitudes machistas y dictatoriales.  Es doloroso encontrar en algunos despachos parroquiales la “lista de precios” de los servicios sacramentales al modo de supermercado. El clericalismo es un látigo, es un azote, es una forma de mundanidad. Y el pueblo de Dios, el santo pueblo fiel de Dios sigue adelante con paciencia y humildad soportando los desprecios, maltratos, marginaciones de parte del clericalismo institucionalizado.

El Señor nos libre de caer en esta tentación. Siempre hemos de pedir perdón por ceder ante ella. Ojalá los sacerdotes ejerciéramos nuestro ministerio como quien sirve a los hijos del mismo Dios Padre.

Amor o nada (Mt 22, 34-40)

Amor o nada (Mt 22, 34-40), breve comentario sobre el Evangelio del domingo 29 de octubre de 2023, XXX del Tiempo Ordinario, ciclo litúrgico A.

¿Qué te ofrece quién te dice: “Te quiero”? ¿Qué acoges cuando ese sentimiento es mutuo y su declaración de amor te llega al alma?

En principio, nada. Ninguna cosa nos da el amor, ni bienes materiales, ni prestigio, ni siquiera placer. Si buscamos el amor por cualquiera de esas cosas, no sería amor. Y, sin embargo, cuando nos sentimos amados se nos ofrece “un mundo”, la experiencia de vivir en plenitud, de ser más que nosotros mismos, un rincón vital en el que estar con quien amamos, habiendo perdido todo lo demás su importancia. Así lo viven los enamorados, así lo vive la madre que amamanta a su hijo, así lo vive quien reza, así lo vive quien mira a los ojos al que sufre. El mandamiento “amarás al Señor con todo el corazón y al prójimo como a ti mismo” contiene la Ley entera y los profetas. Todo está dicho en él: lejos de la impiedad y la mentira, lejos de la marginación y la injusticia, toda bondad verdadera mana de esa fuente.

Pero para que no nos engañáramos y viviéramos una versión románticamente edulcorada del amor, el Señor nos dio el mandamiento nuevo: “Amaos unos a otros como yo os he amado”. En el amor de Cristo podremos vivir, incluso nuestras luchas, con la alegría del Espíritu Santo. El Espíritu nos permite vivir en el amor toda dificultad, toda circunstancia, y decir: “Yo te amo, Señor, Tú eres mi fortaleza.

Comunidades alternativas (Mt 22, 15-21)

 

Comunidades alternativas (Mt 22, 15-21), breve comentario sobre el Evangelio del domingo 22 de octubre de 2023, XIX del Tiempo Ordinario, ciclo litúrgico A.

No todas las parroquias tienen vida de comunidad cristiana. Una parroquia puede convertirse en un lugar de administración de sacramentos, donde se va a encargar misas y sacramentos; donde nadie se siente en su casa; donde todos, si pagan, se sienten con derechos. Cuando una parroquia se dinamiza en comunidad cristiana, las personas crecen en gratuidad y en servicio alegre. Los que más colaboran, de su dinero sufragan muchas de las cosas que se necesitan; ofrecen su generosidad, su tiempo y su creatividad al Señor, y a la tarea de anunciar el Evangelio.

Cuando una parroquia vive en el Espíritu, ya no hay pobres ni ricos, cultos o incultos, puros o pecadores; todos son hermanos que comparten su vida y su buen humor con sencillez. Pocas cosas hay más hermosas. 

Al Señor, quienes querían ponerlo en un aprieto, le preguntan por el pago del impuesto al César. Él responde con una frase que pasará a nuestra cultura popular: “Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”. Que los niños tengan un techo, una comida y un colegio digno, es la voluntad de Dios. Que los jóvenes tengan la autonomía que aporta un trabajo digno es voluntad de Dios. Que los ancianos vivan seguros y sintiéndose queridos es voluntad de Dios. Dentro y fuera de la parroquia hemos de ir acogiendo la voluntad de Dios... “así en la tierra como en el cielo”. Ojalá cada parroquia fuera una comunidad alternativa, que tiene su ley íntima en el amor.

Obras son amores (Mt 22, 1-14)

 

Obras son amores (Mt 22, 1-14), breve comentario sobre el Evangelio del domingo 15 de octubre de 2023, XXVIII del Tiempo Ordinario, ciclo litúrgico A.

La esperanza en nuestra vida no se decide por un cálculo de posibilidades en el que nuestros deseos se ven reforzados. Si contemplamos las situaciones a las que nos enfrentamos: guerras desatadas, calentamiento climático y desertización, enajenación mediática de la conciencia personal..., en vez de llenarnos de esperanza, nos dan ganas de salir corriendo. Pero la esperanza, corazón latiente de nuestra humanidad, tiene sus raíces en otro sitio; no es cálculo de posibilidades, sino respuesta al amor profundo e incondicional del Padre. 

Quien se sabe amado vive, si no en el cielo, en su antesala. Quien se sabe amado, vive sin consentirse desesperar, porque la persona amada le ha regalado un mundo en el que su vida tiene sentido.

En los evangelios, Jesús compara el Reino de Dios con una comida de fiesta con amigos a la que su Padre nos invita, a nosotros y a los más pobres y alejados. Sabiéndonos amados y acogidos, queremos colaborar con ese proyecto del Padre, desde la humildad de nuestra vida, poniendo nuestras capacidades al servicio de un mundo donde haya más justicia y más amor. Porque nos sabemos amados, queremos construir un mundo más luminoso y amable, con gestos concretos que sean semilla de un mundo nuevo. Qué hermoso es que nuestra vida sea semilla de la Ciudad Nueva en la que habite Dios con nosotros.