Para los abuelos de la residencia, agosto de 2020

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Vídeo realizado por la Pastoral de la Salud de la Parroquia de San José Obrero (San Juan de Aznalfarache), dedicado a los abuelos de las residencias que visitan.

Misa del 16 de agosto


Misa del 16 de agosto de 2020 (XX domingo del Tiempo Ordinario), en nuestra Parroquia de San José Obrero (San Juan de Aznalfarache).

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Solemnidad de la Asunción de la Virgen María 2020

 

Este sábado, 15 de agosto de 2020, en nuestra Parroquia de San José Obrero, celebramos la Solemnidad de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María y también es la festividad litúrgica de la Virgen de los Reyes (Patrona de la Archidiócesis de Sevilla), por lo cual tendremos la Misa a las 11:00 y a las 20:30 h.

Misa del domingo 9 de agosto de 2020


Misa del Domingo XIX del Tiempo Ordinario, en nuestra Parroquia de San José Obrero (San Juan de Aznalfarache), 9 de agosto de 2020.

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Cáritas Parroquial, agosto de 2020

La Eucaristía es la fuerza de los cristianos. De su participación nacen el corazón que ama sin medida, las manos abiertas a acoger y a compartir, la vida dispuesta a los demás en gratuidad, el compromiso solidario. Que la celebración de este primer domingo del mes de agosto nos ayude a vivir con el mismo estilo que Jesús.

Nuestra comunidad parroquial, a través de Cáritas, da testimonio del amor de Dios, sirviendo a aquellos hermanos que lo necesitan, por falta de recursos para la alimentación, el vestido, el pago de recibos o del alquiler, sino también con esperanza en el futuro. Con nuestra generosidad, los cristianos hacemos patente que dar es la expresión más rica de vitalidad, de fuerza, riqueza y poder creador. En este domingo de Cáritas, seamos particularmente generosos en la colecta. Nuestros hermanos la esperan. Y Dios la multiplicará. 

Cáritas Diocesana de Sevilla.

Nuestra Señora de los Ángeles, 2 de agosto

Con motivo de la festividad de Nuestra Señora de los Ángeles, este domingo día 2 de agosto de 2020, a las 11:00 h., la Hermandad de los Ángeles interviene en la Misa Solemne a su Titular. Será en nuestra Parroquia de San José Obrero, presidiendo la celebración el Rvdo. Sr. D. José Joaquín Castellón Martín, Párroco y Director Espiritual de la Hermandad.

Durante ese día, la imagen estará expuesta para la veneración de los fieles, tras la Misa, hasta las 13:30 h.; y por la tarde, en horario de 19:30 a 21:30 h. Además, se podrán donar alimentos no perecederos para las obras asistenciales de la Hermandad.


Misa del domingo 26 de julio

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Misa del Domingo XVII del Tiempo Ordinario, en nuestra Parroquia de San José Obrero (San Juan de Aznalfarache), 26 de julio de 2020, onomástica de San Joaquín y Santa Ana.

Dos ojos; una boca (Mateo 13, 44-52)

Dos ojos; una boca (Mateo 13, 44-52), comentario sobre el Evangelio del domingo 26 de julio de 2020.

El Señor, cuando creó el mundo, quiso que tuviéramos dos ojos y dos oídos para que supiéramos orientarnos en el espacio y poder tener experiencia de la profundidad. Las personas podemos mirar la superficie de las cosas, y también ver lo que las cosas y las situaciones son en su verdad. Con una mirada, descubrimos lo que está más allá de lo que vivimos, con otra encontramos el sentido profundo de la vida. Las personas somos seres abiertos a la profundidad y a la trascendencia de nuestra vida.

En las parábolas, que las lecturas de cada domingo nos ofrecen en estos últimos días, se nos revela un Jesús que es a la vez un filósofo, que descubre los dinamismos íntimos de nuestro corazón y de la vida del pueblo; y un profeta, que invita a confiar con esperanza en la voluntad de Dios, que hace y hará justicia para defender al pobre. Jesús nos enseña también a tener esa doble mirada; por un lado, mirar y ver al pueblo sencillo; por otro, ver y acoger la presencia de un Dios, que es Padre de Misericordia.

Pero sólo tenemos una boca porque nuestra palabra solo puede ser una. O le decimos sí a la sencillez y la bondad, a la verdad y a la justicia con toda nuestra vida; o nos vendemos por un puñado de entretenimiento, de comodidad o de dinero, a la injusticia y al mal. Sólo tenemos una boca, una vida, con la que declarar quiénes somos y de qué parte queremos estar. Encontrar el sentido verdadero de nuestra existencia es como quien descubre un tesoro en un campo, y todo lo vende para comprar ese campo con el tesoro que ha descubierto. 

Para Jesucristo, tú eres ese tesoro por el que Él lo dio todo, hasta su propia vida. ¿Por quién estarías tú dispuesto a entregar tu vida?


El poder del silencio (Mateo 13,24-43)

El poder del silencio (Mateo 13,24-43), comentario sobre el Evangelio del domingo 19 de julio de 2020.

Los textos bíblicos tienen la capacidad de cambiar el contenido de algunos conceptos que estructuran nuestra manera de pensar: el poder en Dios solo es poder para hacer e impulsar la justicia; su soberanía se muestra, no en el control sino en la acogida y el perdón. Este domingo el libro de la Sabiduría nos hace mirar a Dios desde una posición más alta que la de nuestra propia razón, y desde ahí descubrimos que “el justo debe ser humano” y que todos “tenemos la dulce esperanza de encontrar perdón en el arrepentimiento”. Palabras que merecen ser meditadas en silencio.

En el silencio Dios actúa con más fuerza y eficacia de la que nadie pudiera imaginar: en el silencio la levadura fermenta la masa para hacerla pan; en el silencio la semilla germina en la tierra para hacerse fecunda; en el silencio crece el niño en el vientre de su madre, anticipo de generosidad y de las sonrisas que va a suscitar; en el silencio Dios habla al corazón del hombre y hace más humana y hermosa su vida.

Lo que destruye muchas veces hace ruido, la vida crece en silencio y en silencio vence a la muerte. Las parábolas de Jesús nos hablan del poder de lo pequeño, de lo sencillo, de lo que aparentemente no es nada: una semilla de mostaza o un poco de levadura que en el silencio y la espera muestran el inmenso poder de Dios para hacer crecer la vida.

¿Por qué habla en parábolas? (Mateo 13,1-23)

¿Por qué habla en parábolas? (Mateo 13,1-23), comentario sobre el Evangelio del domingo 12 de julio de 2020.

Las parábolas del Evangelio nos remiten al Jesús más primigenio y original. Cercano a su pueblo, hablando con sus palabras y sus experiencias, anunciando una esperanza tan deseada como necesaria, mostrando a los sencillos el camino nuevo que él mismo estaba transitando en comunión profunda con el Padre.

Las parábolas saben a brisa de los campos de Galilea, huelen a la sal de los puertos fenicios de Tiro y Sidón, evocan las piedras en las que se sentaban los pobres de Israel a escuchar al profeta que les predicaba. Unos lo escucharían con ansia de verdad, otros con la suspicacia de quien teme encontrarse con un mero charlatán.

Pero las parábolas interpelan a todos. En la sencillez de su lenguaje a todos nos pone frente a nuestra propia inmadurez y pecado, a todos nos sitúan frente a la llamada radical de Dios a vivir de un modo nuevo.

Las parábolas nos hablan de una religión que no quiere convertirse en ley, sino en invitación; de una experiencia de Dios que no busca definirse en frases estereotipadas, sino que abre a una esperanza siempre nueva. Las parábolas no nos dicen qué, en concreto, debemos hacer; respetan nuestra libertad de adultos que han de afrontar con responsabilidad su propia vida. Y sin embargo, siempre dejan el ánimo en búsqueda, en el reconocimiento de tanto como nos falta para vivir en autenticidad. Se exponen a ser manipuladas, a que se las apliquemos a los otros antes de pensarlas para nosotros mismos, a reducirlas al horizonte de nuestra ideología. Pero el Padre de Jesucristo es así: invita con un amanecer, interpela con la presencia de quien sufre, consuela con una oración, abre nuestros oídos con una parábola.