50 años. Jesucristo en nuestro barrio (Parte II)

Como Madre de Esperanza

Las advocaciones de la Madre de Jesucristo que hacen referencia a la pasión del Señor, llevan un puñal que les atraviesa en corazón. Hoy la Iglesia, tiene que sentir ese mismo dolor de la Madre de Jesucristo ante el sufrimiento y las dificultades que atraviesan los hijos de Dios.

El dolor de los pobres y de los débiles es un puñal afilado que atraviesa el corazón de la comunidad cristiana. ¿Cómo no compadecerse ante la mujer que ha perdido a su hijo por enfermedad y desnutrición?, ¿cómo no co-indignarse con los jóvenes a los que se les roba el presente y el futuro con una crisis que enriquece a los más ricos?, ¿cómo no sublevarse ante la relativización de la vida humana concebida de la que algunos se consideran dueños bajo excusa de su propia libertad?, ¿cómo no sentir el dolor de aguda soledad de tantos ancianos?

La Iglesia, que tiene la vocación de ser Madre de los hombres, siente la soledad de los inmigrantes, y la desesperación de los refugiados, el hambre de los niños de tantos países del mundo y la marginación de muchas mujeres.

Pero, acudiendo a nuestra Madre, todos encontramos un consuelo y una paz que sólo se entiende desde la fe. Ella nos compromete a vivir con más autenticidad la vida cristiana. Ella es fuente de consuelo y de esperanza, sobre todo para quien se acerca con corazón humilde y dolorido. ¡Cuántas personas vienen a la parroquia y al acercarse a la imagen de la Virgen derraman lágrimas de dolor por la circunstancia dura que les toca vivir, de amor por los suyos, de agradecimiento y consuelo por la ternura recibida!

María de Nazaret, la Madre de Jesús, es para nosotros siempre fuente de Esperanza.
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que llevemos con dignidad el nombre de cristianos.

UN TESTIMONIO CERCANO A LOS POBRES
Enrique Córcoles


Mi nombre es Enrique Córcoles, nací en el Barrio León de Sevilla, de la Parroquia de San Gonzalo, soy el mayor de ocho hermanos.

En el año 1970 me casé con la que es mi esposa Encarnita Vallejo, y nos vinimos a vivir a un pequeño piso de la calle Virgen del Consuelo de esta localidad de San Juan de Aznalfarache. Y en la parroquia de San Juan Bautista se bautizaron mis primeras cuatro hijas. El piso se nos quedó pequeño y tuvimos que buscar otro en el Barrio Alto, lo que ahora se denomina Pasaje Alcalde Próspero Castaño; y aquí nacieron mis dos últimas hijas que se bautizaron en la parroquia de San José Obrero.

Desde este momento hemos tenido relación constante en esta parroquia, cuyo párroco era D. Antonio Gutiérrez.
D. Antonio Gutiérrez, desde el primer instante tuvo con nosotros detalles de cariño. Era un párroco entrañable, buen sanjuanero y entregado a su labor enteramente.

Pasado el tiempo me invitaron a pertenecer a la Hermandad Sacramental como hermano, igualmente a mi esposa; y más tarde al cargo de tesorero, que no sé de donde pensaron que yo podía llevar las cuentas… porque por mi profesión laboral nunca he llevado contabilidad alguna.

Sin embargo el paso más importante fue en el año 2002, cuando el entonces párroco D. José Antonio Megías, me pidió hacerme cargo de la dirección parroquial de Cáritas, cosa que al principio no me sedujo nada, pero no quise negarme y pensé que estar en esta labor algunos años (cuatro era la norma) era algo aceptable, y hoy en el año 2017 aún sigo.

Pero he aprendido que la labor, aunque a veces es algo dura, me ha ayudado a ver a las personas de otra manera, a darme cuenta de lo mal que estas personas lo pasan, con pocos horizontes sus vidas. Y que en ellas debo ver a Cristo, aunque a veces no lo vea.
Además cuento, gracias a esto, con muchas amistades buenísimas. El equipo que hay en Cáritas está muy entregado también,  y me siento muy contento por la estupenda labor que hacen.

Una mención especial en esta labor es para Pepe Venegas que murió hace año y medio. Era una persona que hacía un trabajo formidable y son muchas personas que lo echan de menos, ha dejado un recuerdo imborrable. Y para Jacinto que tenía mucha autoridad para poner orden  entre los que venían a pedir en Cáritas, labor oscura aparentemente, pero importante y necesaria. Ya el Señor les ha dado el premio que se merecen sin duda.

También me gustaría mencionar la labor que realiza mi esposa en la parroquia en el grupo que visitan a los enfermos o que están solos y son mayores, no solo haciéndoles compañía sino también proporcionándoles la ayuda religiosa a través del párroco.

Pienso que esto no es ninguna casualidad, sino que Dios nos ha puesto ahí. Y aquí seguimos. Nuestro párroco D. Joaquín Castellón sigue muy de cerca estas labores y se vuelca apoyándonos todos los días.
Bueno, poco más puedo decir de mis vivencias aquí. Espero que Dios me ayude a desarrollar mi vida en consonancia con lo que Él quiere.


Enrique